Hace 5 años, el mundo del fútbol vivió uno de los partidos más emocionantes en la historia de los Mundiales. Uruguay y Ghana se jugaban el pase a las semifinales de Sudáfrica 2010 en el Estadio Soccer City. Ghana abrió el marcador antes del descanso con tanto de Muntari y Uruguay logró empatarlo con un soberbio tiro libre de Diego Forlán. El partido se fue a tiempo extra…
Entre la tensión y las ganas de no caer, Uruguay fue más precavido en el tiempo extra. Cuando parecía que no habría más emociones en el suplementario llegó una jugada a balón parado a favor de Ghana al 120′. Muslera salió mal, provocando un descontrol total. Appiah, con el arco abierto, sacó un disparo que Luis Suárez tapó sobre la línea. Después, Adiyiah remató de cabeza y Suárez volvió a tapar pero, en esta ocasión, lo hizo con la mano.
El árbitro vio la jugada e hizo lo que tenía hacer: expulsó a Luis Suárez y marcó la pena máxima. Ghana tenía una oportunidad de oro para meterse entre los mejores 4 del mundo. Asamoah Gyan tenía en sus pies el boleto a semifinales. El delantero africano se perfiló, avanzó y sacó un trallazo que terminó pegando en el travesaño. Todo se definiría en penales.
En la tanda, el momento anímico era de los uruguayos. Convirtió Forlán, marcó Gyan, Victorino hizo la tarea, Appiah cumplió, Scotti anotó, Mensah erró, Pereira no pudo con la presión y Adiyiah falló. Todo dependía de Washington Sebastián Abreu. Si El Loco marcaba, Uruguay avanzaba, sino Ghana podía empatarlo y llevar la serie a muerte súbita.
Todos los que conocíamos a Abreu sabíamos, o al menos pensábamos, que la iba a picar. Afortunadamente para el ariete uruguayo, el arquero no tenía ni idea. Sebastián se plantó en el punto penal, acomodó el balón y lo picó con una sutileza de escándalo. Abreu enmarcó un momento mágico en la historia del fútbol uruguayo con una pintura majestuosa.
Abre cuenta la que vivió previo a patear el final: «Cuando estábamos en el círculo central y van pateando los compañeros, uno va pensando cuál es la mejor manera: a un palo, fuerte, colocado… Pero como era el quinto, dije: ‘tengo 4 penales para analizar al arquero’. Entonces, bueno, tenía a Fucile a mi lado. Necesitaba a un aliado… Se pateó el primer penal y le pregunto: ‘Fuci, ¿se movió el arquero?’ Y me dijo ‘Si, Loco. Sí, Loco’. Viene el segundo penal y le pregunto: ‘Fuci, ¿se movió el arquero? Sí, Loco. Sí, Loco’. Y en el tercer penal, yo necesitaba reafirmar lo que ya pensaba para patear, le pregunté si se movió el arquero y me dijo: ‘Sí, Loco. Picálo y no me rompas más los huevos'».